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Asociación de padres de afectados de Autismo y otros trastornos de espectro autista de Bizkaia

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12/04/2010 | 1 comentario

«Yo veo cosas que los demás no ven»

- Su percepción sensorial es distinta y usa ‘trucos’ para desenvolverse en sociedad.
- Día del Autismo. El etnobotánico Daniel María Pérez supo hace dos años que tenía asperger.

Su vida ha estado llena de dificultades y sufrimiento. Pero hay un lugar en el que se siente libre y experimenta una intensa felicidad: en la naturaleza y rodeado de plantas. Daniel María Pérez, socio de Aranzadi y etnobotánico ‘sin título’ avalado por la Universidad de Londres, el jardín Botánico de Madrid y la UPV, descubrió hace dos años que tenía síndrome de asperger. Se trata de un tipo de autismo que no afecta a la inteligencia pero sí a las habilidades sociales y que en él se da con una percepción sensorial diferente, en ocasiones paralizante. En la víspera del Día Internacional del Autismo, Daniel María Pérez (Donostia, 1959) relata su vida y los ‘trucos’ que ha desarrollado para desenvolverse en sociedad.
El diagnóstico de Asperger
«Hace dos años tuve una crisis bastante fuerte, a raíz de que mi madre estuvo a punto de morirse. Tengo muchas dificultades para identificar mis sensaciones y emociones. Pero sentí como si algo se hubiera roto dentro de mí. Necesitaba ayuda. Me dijeron que sufría un trastorno de ansiedad generalizado. Y descubrieron en mí rasgos del autismo. En Gautena me confirmaron que tenía síndrome de asperger, de tipo leve, pero asociado con un tipo de percepción diferente. He podido dar nombre a algo que yo he sentido toda mi vida».
Percepción muy precisa
«Percibo todo en pixeles. Como las fotografías de un ordenador. Por pequeños cuadraditos. Me he dado cuenta ahora, desde el diagnóstico, porque antes nunca me fijaba en mis sensaciones. Es un tipo de percepción que se considera una capacidad. Te permite ver los detalles de forma muy precisa. No es exclusiva de los Asperger, pero suele darse en ellos. Veo un águila lejos y percibo detalles que otros no ven. Tengo capacidad de aumentar o disminuir esa visión dentro de mi cabeza. Pero esta forma de percibir tiene muchas contrapartidas. Necesito puntos de referencia. En una pared blanca mi visión se confunde. Necesito fijarme en algún detalle. Mi vida ha sido una constante búsqueda de puntos de apoyo. Veo muchísimas imágenes. Traduzco a imágenes los sonidos, lo que saboreo, huelo o incluso mis sensaciones corporales, la ansiedad que siento en el estómago».
La naturaleza, su interés
«Las plantas y algunos temas relacionados con las ciencias siempre han sido mi objeto de interés. He establecido un lenguaje propio con las plantas. Siempre me han transmitido información. He llegado a saber si son venenosas o comestibles y he acertado en el 90% de los casos. A veces era como un flechazo. Me dolía la muela, sentía ese flechazo hacia una planta, la comía y me curaba. Eso me ha pasado muchísimas veces. Tengo que estar muy mal para sentirlo, en una situación de mucha ansiedad. Así aprendí de ellas».
La felicidad, con las plantas
«Desde pequeño sentía que al estar cerca de las plantas mi ‘yo’ absorbía, se expandía alrededor y percibía todo el entorno como parte de mí. La sensación era de un placer inmenso, una especie de éxtasis. Estaba fusionado con la sensación. En esos momentos, si le hacen daño a una planta es como si me lo hicieran a mí. Yo era un hilito dentro de esa trama. Las personas y la ciudad no me atraen. Las relaciones sociales me saturan.
Estoy más a gusto en este mundo, rodeado de plantas y solo. Soy estoico y austero para el dolor y para las sensaciones que pueda tener. Si estoy con las plantas no me hace falta nada más. No siento el hambre. He llegado a marearme trabajando en la huerta por no haber comido en todo el día, por estar enfrascado en mi mundo».
Dificultades de relación social
«De pequeño, los niños me pegaban. Yo no sabía reaccionar. No entendía lo que me pasaba.Pero no podía soportar que me tocaran la cara o en la cabeza. Reaccionaba y devolvía los golpes de forma exagerada. Mi fuerza se multiplicaba por cuatro y tumbaba al chico más fuerte. El diagnóstico me ha ayudado a entender por qué tengo tantas dificultades para relacionarme con las personas y por qué tengo tanto interés por las plantas. Me cuesta mucho hacer amigos. Sólo me muevo en la socialización en temas de mi interés. Aun así, me cuesta mucho dar el primer paso, acercarme a alguien para preguntar sobre los usos de la plantas. Me bloqueo. Usaba mi inteligencia para convencer a un amigo, con mis mismos intereses, para que rompiera el fuego».
Entender el lenguaje corporal
«Siempre he tenido muchas dificultades para entender el lenguaje corporal. Para ligar tenía muchos problemas. Me podían estar tirando los tejos un montón de chicas y no me enteraba de nada. Un amigo me enseñaba ese lenguaje. Siempre he tenido algún amigo muy concreto que me ayudaba. Más que buscarlos yo, ellos se interesaban por mí. Mientras los demás se juntaban para jugar o para ir al bar yo iba al prado a ver plantas. No entendía por qué a los demás no les gustaban las plantas. En Gautena se extrañaron mucho de que tuviera una pareja. A mí también me extrañó. O bien metía la pata y las chicas se enfadaban o no me enteraba de nada. Era un lío impresionante. Tengo pareja desde hace 25 años. Nos conocimos en una marcha montañera por el Pirineo en 1985. Había aprendido lo que cierto tipo de miradas podían significar. Era verano y la gente se enrollaba. Pero yo no percibía ninguna mirada especial dirigida a mí. Hasta que Pili me la lanzó. Y yo esa mirada la entendí. Y fue directamente donde ella y le pregunté: ‘¿Quieres estar conmigo?’. Ella se echó a reír».
No capta el doble sentido
«Es común a las personas con síndrome de asperger: nos cuesta mucho entender el doble sentido. Ahora cuando hablo puedo ‘alucinar’ o ‘estar hasta las narices’. Pero me ha costado mucho adquirir ese lenguaje figurado. Aplico las matemáticas a cualquier nueva palabra. Y estudio 7 u 8 significados. Pero no sé cuál de ellos elegir. Otro aplicaría el sentido común pero yo aplico el sentido de probabilidades. Y ahí tengo dificultades».
Muchos trabajos
«Tengo capacidad para visualizar, pero sólo lo que proviene de mis sentidos o de mi interior. No entendía las matemáticas. Faltaba concreción. Tuve un profesor particular que se dio cuenta de que era muy visual. Si me daba un metro cuadrado y lo medía, lo metía en mi cabeza y podía desarrollar mi inteligencia. Hice COU y 1º de Magisterio. Ahí lo dejé. Era tal la carga de información que tenía, que necesitaba algo físico. Me metí en la construcción a trabajar. Fue un desahogo. He pasado por muchos trabajos, la mayoría relacionados con las plantas. Ahora doy clases de etnobotánica y uso de las plantas. Suelo tener unos 50 alumnos cada año, la mayoría mujeres. Vienen de todas partes. Hay médicas, psicólogas, amas de casa, estudiantes, farmacéuticas. Dicen que no soy un profesor normal, que tengo muchísimo entusiasmo. Y que lo transmito».
La bellota
«Dentro de los usos vegetales, el que más me interesa es la bellota. Mi madre dice que me concibió debajo de un roble. Con los robles y las encinas he tenido una relación muy especial. Si con las plantas he llegado a sentir éxtasis, en un bosque de robles la sensación era máxima. Percibía que la bellota era el fruto que concentraba la fuerza, la longevidad, la fortaleza del roble. La Diputación me encargó una investigación sobre bellotas carbonizadas para reconocer su especie y fui capaz de identificarlas. Yo veo cosas que los demás no ven».

1 comentario

  • :: Escrito por Anonymous el 30 abril 2010 - 09:00

    ¿Cuantos serán los que siguen sin poder darle nombre a algo tan especial? Muchas gracias a Daniel por compartir su experiencia con los demás. Quizás ello contribuya a que más personas con el mismo síndrome puedan conseguir ponerle nombre a su peculiaridad.

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