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22/03/2012 | No hay comentarios

Un hermano para los presos con discapacidad.

Las cuevas de El Confital eran su morada; las drogas, su refugio. No sabía leer ni escribir y recibía una pensión por discapacidad que gastaba en sustancias estupefacientes. Tras años recluido en el centro penitenciario de Salto del Negro, donde ingresó por un delito contra la salud pública, cuenta las horas que le restan para comenzar una vida en libertad y con renovadas perspectivas: ha aprendido a leer y escribir, ha ahorrado algo de dinero e, incluso, ha podido costear sus cuidados bucodentales.

”Es como un hermano. Lleva tres años yendo conmigo a todos lados, cuando sale de permiso estamos juntos. Parecía que iba a acabar muy mal, pero su evolución ha sido muy positiva”. David García relata con orgullo los progresos que ha experimentado uno de los más de 60 presos a los que ha atendido desde que en mayo de 2009 asumiera un programa de integración y actividades rehabilitadoras para los reclusos con discapacidad intelectual en la isla de Gran Canaria.

García, trabajador social de la Confederación Española de Organizaciones en favor de las Personas con Discapacidad Intelectual (FEAPS), acude dos veces por semana a la prisión de Salto del Negro desde hace tres años y una vez cada quince días a la de Juan Grande desde el pasado mes de noviembre para intentar mejorar la calidad de vida y facilitar la reinserción de personas que están sometidas a una “doble marginación”. ‘Si ya de por sí la cárcel es un entorno problemático si no te sabes desenvolver, para las personas con discapacidad lo es aún más”, sostiene.

Los abusos o el robo de las tarjetas del peculio para comprar en el economato eran moneda habitual para esta población reclusa hasta hace bien poco. ”Con este programa ha habido una mayor sensibilización del resto de presos. Siempre habrá casos esporádicos, pero la mayoría se protege”, explica David García, que ha configurado una red de internos de apoyo en cada módulo a los que ha formado con nociones básicas para detectar comportamientos o conductas que pudieran revelar la existencia de una discapacidad no reconocida en alguno de ellos. También los funcionarios y los familiares reciben asesoramiento. ‘Hay muchas personas que están en la cárcel, que tienen una discapacidad intelectual y nunca han sido valorados”.

FEAPS se encarga de realizar las pruebas psicológicas e inicia los trámites para la obtención de los certificados de discapacidad y de una pensión no contributiva para los nuevos casos detectados. Unas diligencias que se dilatan en el tiempo más de lo que la organización desearía. “Es un entorno muy burocratizado. Desde que presentas la documentación en el centro de tramitación hasta que lo valoran tardan una media de dos años. Muchas veces el interno sale de prisión y ni siquiera ha sido valorado”, expone.

En 2009, año de la puesta en marcha del programa en Canarias, David atendió a 10 reclusos. En los ejercicios sucesivos, la cifra de beneficiarios se elevó a 22 en 2010 y a 33 en 2011. De estos últimos, tres ya eran reclusos del centro penitenciario Gran Canaria II, inaugurado el pasado verano. En lo que va de año, han sido atendidos 16 presos con discapacidad en las cárceles de la Isla. Por su parte, en Tenerife, donde ejerce otra trabajadora social, se han beneficiado de este programa 6 internos en 2009, 16 en 2010, 21 en 2011 y 14 en los primeros meses de 2012.

”No vamos a la cárcel a entretenerlos, a hacer talleres porque sí. Queremos realizar un plan individual de rehabilitación con el interno como partícipe, dependiendo de sus necesidades y de lo que quiera conseguir en el futuro”, asevera el trabajador social. Las actividades abarcan desde el manejo de destrezas básicas, como el control del tiempo o del dinero, hasta el fomento de habilidades sociales y sexuales, e incluyen salidas terapéuticas programadas.

La labor es gratificante pero ardua. ”Nos planteamos las metas, pero a lo mejor no logramos cubrirlas. No es trabajar de hoy para mañana, sino con vistas a cuatro meses. Son personas que han pasado cosas muy duras, tienen bajones y necesitan apoyo. Tienes que saber cuándo llamar la atención, pero también cuándo felicitar”, explica David.

De sus horas de convivencia con los internos, recuerda una anécdota que ilustra las dificultades de entendimiento entre rejas: ”A uno de ellos le había tocado en la celda con un preso de origen musulmán. Un día vino muy alterado hacia mí y me dijo que iba a agredir a su compañero porque llevaba tres o cuatro días insultándolo por las noches. Cuando me reuní con él, me lo explicó: no lo insultaba, estaba rezando. Si no lo sabe y no hay intermediario, hubiera acabado en un módulo incomunicado. Son pequeñas situaciones que se liman en el día a día”.

”Labor en la sombra”

David García es el único trabajador de FEAPS en Gran Canaria que ejerce una labor de atención directa con los beneficiarios debido a las estrecheces económicas de una federación que se financia en su mayor parte con las contribuciones a través de la casilla social del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). ”La cuantía que recibimos no da para cubrir todo el año. Yo, por ejemplo, estoy trabajando 4 horas diarias porque no hay para más”, apostilla.

El último ejercicio también recibieron una subvención del Servicio Canario de Empleo (SCE) y de algunas entidades financieras. ”Desgraciadamente lo social tiene cada vez menos dinero y cada vez se necesita más, porque en época de crisis las personas demandan más”, lamenta David, que destaca la ”labor en la sombra” que realizan trabajadores sociales como los que pertenecen a las propias instituciones penitenciarias. ”Sin ellos, esto no tendría sentido”, concluye.

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