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28/11/2014 | No hay comentarios

Margarita Cañadas estará junto a las familias de APNABI el próximo 2 de diciembre

El próximo 2 de diciembre, Margarita Cañadas, Vicedecana de Terapia Ocupacional y Directora del Centro de Desarrollo Infantil y Atención Temprana “L’Alqueria” de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”, participará en una jornada para familias de Apnabi, sobre la intervención centrada en la familia, titulada “35 años construyendo juntos”. Con esta jornada daremos inicio a una serie de actos que llevaremos a cabo hasta 2015 para conmemorar esta efeméride.

Para conocer mejor a Margarita Cañadas reproducimos aquí parte de un artículo publicado por la universidad católica de Valencia.

Cañadas ha pronunciado la ponencia “Un modelo de inclusión en Educación Infantil” en el marco de los cursos de verano de la Universidad Católica de Valencia sobre ‘El reto de la Educación Inclusiva’ que se celebran en Santander. En la misma, la Directora de “L’Alqueria” ha detallado el sistema de trabajo desarrollado en la misma y los postulados teóricos y prácticos de los que parte y que aplica, respectivamente.

La diferencia entre el método de educación inclusiva de un niño con discapacidad y el método de integración, según ha señalado Cañadas, es que en la primera, además de ocupar el mismo espacio que otros niños, se consigue que el niño con discapacidad participe, colabore y sea capaz de realizar las mismas actividades que el resto “sin pensar en la necesidad de trabajar fuera del aula para potenciar sus habilidades”.

En el modelo de integración al niño se le proponen actividades “diferentes al resto de sus compañeros”; la educación inclusiva, por el contrario, “permite que el niño realice la misma actividad buscando la manera de adaptarla a sus necesidades”. Para Cañadas, un niño aprende más “imitando a sus compañeros de juegos, interactuando con ellos”.

“En el modelo de integración al niño que no sabe escribir se le pone a jugar con coches mientras los demás escriben; la educación inclusiva propone que se le de también papel y lápiz aunque lo que haga son garabatos”, ha puesto como ejemplo.

Cañadas ha indicado que, además, en la intervención infantil de los 0 a los 6 años que se realiza en el Centro “L’Alqueria”, las competencias curriculares están “mucho más basadas en aspectos como la creatividad, la expresión corporal o la psicomotricidad” y no tanto en lo académico.

La participación de la familia es “esencial” en la educación inclusiva, en opinión de la Vicedecana de Terapia Ocupacional. Para Cañadas está “más que demostrado” que si no se da la implicación del cuidador principal -generalmente los padres- y se trabaja “en una misma línea” también con el maestro o maestra los resultados “no serán los mejores posibles”.

“Un niño nunca va a generalizar algo que ha trabajado en una sesión individual realizada un par de veces por semana; pero si la familia realiza una labor de acompañamiento diario, el niño con discapacidad mejorará notablemente”, ha subrayado.

La Directora de “L’Alqueria” ha explicado, además, que no se trata tanto de que se planteen objetivos como la distinción de colores, el trabajo del equilibrio o la adquisición de destreza manipulativa sino de “preguntarse en qué actividades de la vida diaria de cada niño es deseable su autonomía”, las llamadas habilidades de desarrollo funcional.

Cañadas ha diseccionado los seis principios fundamentales de los programas de apoyo a la familia. En primer lugar, al niño con una discapacidad “no se le debe aislar en colegios especiales y llevarlo a lugares exclusivos sino que se le debe integrar en colegios normales y en lugares inclusivos, de lo que saldrán beneficiados también el resto de niños”.

Asimismo, no se trata de seguir la misma “receta” para todos los niños con la misma discapacidad, puesto que cada uno y cada familia “son distintos y sus necesidades también lo son”.

La Vicedecana de Terapia Ocupacional ha advertido de que se deben compartir las responsabilidades y fomentar la colaboración entre las familias y los profesionales “para establecer relaciones eficaces”, esto siempre respetando “las creencias y valores de la familia”.

En quinto lugar, Cañadas ha argumentado que, conociendo los aspectos débiles del niño con discapacidad, es “mucho más acertado” que imponer criterios propios preguntar a los familiares “cómo creen que podrían ayudar ayudarles a realizar determinadas acciones con las que tienen problemas, como vestirse o comer solos”.

“Mejor que decirle que su hijo debe repetir veinte veces la letra “r” si no sabe pronunciarla es averiguar qué le gusta hacer al niño para hallar el método más adecuado. Si prefiere leer cuentos, le daremos textos donde haya muchas palabras con la letra “r”. Además, ha de verse qué hace bien; lo que hace mal ya lo sabemos. Aunque ese niño no llegue a alcanzar el nivel del resto podemos ver hasta dónde puede llegar”, ha aseverado.

El último de los principios hace referencia a que los objetivos a alcanzar por cada niño, por orden de importancia, los va a discernir la familia: “Hemos de abandonar el tradicional rol de experto: no es el profesional el que le dice a la familia lo que debe hacer; lo que haremos es aconsejarles, de modo que se les enseñará lo que dicten sus necesidades y sus deseos”.

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