Asociación de padres de afectados de Autismo y otros trastornos de espectro autista de Bizkaia

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30/08/2011 | No hay comentarios

Lovaas, el ‘liberador de mentes’



vía AutismoDiario.org

El 2 de agosto se ha cumplido el primer aniversario de la muerte de Ole Ivar Lovaas, uno de los padres de la terapia para el autismo. Falleció en el hospital de Lancaster, a los 83 años, después de dedicar casi medio siglo a mejorar la vida de los que padecen este síndrome.

Loovas fue pionero en la terapia para el autismo denominada ‘análisis de conducta aplicada’ (conocida como ‘ABA ‘por sus siglas en ingles). Fue el primero en utilizar el método científico para demostrar que la conducta de los niños podía ser modificada a través de una enseñanza adecuada. Y aunque cometió algunos errores en los primeros años de su estudio, dedicó el resto del tiempo a subsanarlos. Ésta es su historia.

Reforzar los estímulos positivos

Una sonrisa, un elogio o una simple aprobación. Ahora sabemos que un niño con autismo necesita estos estímulos para seguir progresando. Pero puede que nunca lo hubiéramos sabido de no ser por el trabajo de Ivar Lovaas, un científico estadounidense nacido en Noruega que se convirtió en el mejor ejemplo de cómo la terapia podía ayudar a tratar el autismo.

Sin embargo, es justo reconocer que en su teoría original también apostaba por el uso de estímulos adversos, comparables al reforzamiento negativo del conductismo de B.F. Skinner. En los años sesenta, de hecho, algunos profesionales defendían técnicas como la de gritar repetidamente al niño “NO” mientras se le aplicaban descargas eléctricas.

Los tres errores de Lovaas

Fue precisamente en los años sesenta cuando Lovaas comenzaba sus investigaciones. Se centraba en la implantación del lenguaje en niños con autismo, y trabaja con ellos en el Departamento de Psicología de UCLA. Fue ahí donde logró sus mayores éxitos, y donde cometió los principales errores. Según escribía la Doctora Victoria del Barrio en 1989, el mismo Lovaas enumeraba tres fallos fundamentales. El primero fue centrar el tratamiento en un ambiente hospitalario. El segundo, excluir a los padres de la actividad terapéutica. Y el tercero, esperar cambios demasiado bruscos.

Pero Ivar Lovaas no ha pasado a la historia por haberse equivocado. Todo su trabajo posterior se centró en suplir estos fallos, que él mismo diagnosticó, y ya en el Simposio de Autismo celebrado en España en 1978 explicó cómo trabajaba 16 horas diarias tanto en el laboratorio como en el hogar de los padres. Zanjaba así dos de los tres errores que había reconocido. El tercero, creer en una efectividad exagerada, fue corregido con el estudio de los resultados.

En 1995 fundó el Lovaas Institute for Early Intervention (LIFE, el Instituto Lovaas para la intervención temprana), desde el que hoy en día se continúa con su trabajo.

Lovaas quería ser recordado como alguien “que trabajó para liberar a aquellos cuyas mentes se sirven de ellos”*. No cabe duda de que lo fue.

*“Me gustaría ser recordado como alguien que trabajó para liberar a aquéllos cuyas mentes se sirven de ellos. Y como una persona que desafió la noción de que las variables que hemos utilizado a considerar para ser estable e invariable, como coeficiente intelectual y autismo, no son realmente como inmutable como muchos habían pensado antes”. Así lo declaraba él mismo en una entrevista.

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