Asociación de padres de afectados de Autismo y otros trastornos de espectro autista de Bizkaia

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19/07/2011 | No hay comentarios

Informe preliminar sobre el peligro de escaparse de los niños con autismo

VÍA AUTISMODIARIO.ORG
Muchos niños con autismo tienen tendencia a “escaparse”. Un niño es capaz de desaparecer de nuestra vista en apenas unos pocos segundos. Este hecho crea una gran angustia en los padres, pero si a este hecho le añadimos que el niño tiene un diagnostico de autismo, las cosas se agravan más aun.

Y parece una tendencia bastante habitual en niños con autismo, debido a este problema se inició una encuesta en los EE.UU. para evaluar la incidencia de perderse o vagar de forma no controlada por parte de los niños. Los primeros resultados de este informe preliminar han visto ya la luz y nos muestran que es una conducta más habitual de lo que a priori pudiéramos pensar. En el país del informe, ya se han dado varios casos con resultado de muerte, un hecho extremadamente trágico y que ha disparado muchas alarmas.

Algunas de las preguntas que esta encuesta pretendía descubrir eran:

¿Con qué frecuencia un niño tiende a perderse o escaparse?

¿Cuantas veces lo logran?

¿Bajo qué circunstancias?

¿Qué perfil de individuos con TEA tienen mayor riesgo de perderse?

¿Con qué edad?

¿Qué tipo de medidas hay que tomar para evitar estas conductas de vagabundeo?

Dado lo relevante de este problema el “Autism Research Institute”, la “Autism Science Foundation”, “Autism Speaks” y “Global Autism Collaboration” en colaboración con “Interactive Autism Network” (IAN), lanzaron una encuesta a nivel nacional para recabar datos y entender mejor este peligroso asunto y de esta forma poder diseñar sistemas para prevenir este tipo de actuación. En la actualidad ya disponemos de algunos resultados preliminares, esperamos que en breve podamos disponer de los datos definitivos.

Uno de los primeros aspectos que se pretendió definir era el concepto y contexto de fuga o vagabundeo del niño. Ya que es un aspecto crucial a la hora de intentar acotar este tipo de conducta. Muchos niños sencillamente echan a correr cuando están en lugares públicos, en una especie de huida hacia nadie sabe dónde. En otros casos, sencillamente vagabundean sin un rumbo a priori determinado. ¿Por qué lo hacen? ¿Se asustan? ¿Buscan algo determinado? ¿Cuantas personas con TEA presentan este tipo de conductas? Para desvelar algunas de estas y otras muchas preguntas se puso en marcha este estudio/encuesta. De momentos alrededor de 860 familias ya han rellenado los datos de la misma y disponemos de unos primeros datos, que aunque provisionales si dan pistas de la importancia de este preocupante tema.

Primeros resultados

En base a las respuestas ya recibidas queda patente que alrededor del 50% de los niños con TEA y una edad comprendida entre 4 y 10 años intentan “fugarse”. Este porcentaje es cuatro veces superior en comparación a los datos de los hermanos sin TEA de estos niños. Entre los 7 y los 10 años, casi el 30% de los niños con TEA han presentado conductas similares, ocho veces por encima de los datos de los hermanos no afectados. Y esto es muy preocupante, ya que según los datos que las familia han aportado, aproximadamente el 35% de los niños que presentan este tipo de conductas o no son verbales o no tienen una intención comunicativa, de forma que es muy difícil que puedan dar datos sobre su propio nombre, su dirección o cualquier otro dato que pueda dar pistas de su domicilio.

La tasa de fuga alcanza su punto más alto con una edad de aproximadamente cuatro años y va decreciendo hasta llegar a la adolescencia, donde esta tasa nuevamente vuelve a incrementarse. La pregunta sería ¿los adolescentes con TEA se vuelven más inquietos y con más capacidad de escaparse? Esperaremos a disponer de más datos para poder responder a esta pregunta.

De los niños con TEA que se escaparon, aproximadamente el 50%, tuvieron una fuga muy corta y fueron descubiertos muy cerca, y sus padres no llegaron a temer por su seguridad. Sin embargo, en un 32 % de los casos, los padres acabaron llamando a la policía. Además, dos de cada tres informaron que sus hijos habían escapado por los pelos de un accidente de tráfico y un tercio informó que escaparon de milagro de morir ahogados.

Los motivos de estas huidas o fugas pueden tener muchos motivos, algunos de los barajados pueden estar relacionados con aburrimiento, un problema sensorial, ansiedad o pánico, … Entre otros datos los padres eligieron una serie de motivaciones que ellos consideraron las más importantes. Las cinco más relevantes fueron:

Sencillamente le gusta correr o explorar

Quiere ir a un lugar que le gusta (por ejemplo el parque)

Trata de escapar de una situación que le provoca ansiedad (Exigencias escolares)

Sencillamente busca uno de sus intereses preferidos (Por ejemplo, si le gustan los trenes se dirige a las vías del tren)

Intenta huir de una situación que le desborda sensorialmente (Como el ruido)

Otro de los datos obtenidos a raíz de la encuesta es el referido al estado de ánimo del niño fugado. Casi todos los padres coincidieron al decir que el niño parecía estar contento durante su escapada, mientras que muy pocos padres dijeron que se encontraba triste o con un estado de ansiedad.

Ante la pregunta de si existía algún patrón estacional que motivase las fugas, sólo un 25% dijo que estas fugas se producían con más frecuencia en verano, mientras que para el 67 % no había relación estacional con las fugas.

Muchos niños con TEA presentan comportamientos inadecuados, como auto-agresiones, agresividad, frustraciones o inflexibilidad. EL 57% de los padres dijeron que la mayor cantidad de fugas se daba relacionada con algunas de las conductas impropias. A su vez, el stress causado por el riesgo de fuga provocaba problemas de sueño en el 40% de los padres, que pensaban que el niño podía escaparse por la noche, mientras que el 62% de las familias restringían sus actividades fuera del hogar para prevenir el riesgo de fuga, con el consiguiente aislamiento social de la familia.

A pesar de la gravedad y peligrosidad de estas conductas, el 51% de los padres nunca recibió ningún tipo de asesoramiento u orientación sobre este tipo de comportamientos. Un 14 % de los padres recibió este asesoramiento por un pediatra y un 19% por parte de un profesional de salud mental.

Estos resultados preliminares nos alertan de que los peligros de que un niño con TEA se escape son bastante altos, y que aproximadamente la mitad de las familias han informado de algún tipo de fuga de sus hijos, y dadas las características de estos niños y su corta edad, el riesgo al que se exponen es muy elevado, generando en las familias una tensión añadida y aumentando su aislamiento social por el miedo a que el niño se escape.

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