Lovaas, el ‘liberador de mentes’



vía AutismoDiario.org

El 2 de agosto se ha cumplido el primer aniversario de la muerte de Ole Ivar Lovaas, uno de los padres de la terapia para el autismo. Falleció en el hospital de Lancaster, a los 83 años, después de dedicar casi medio siglo a mejorar la vida de los que padecen este síndrome.

Loovas fue pionero en la terapia para el autismo denominada ‘análisis de conducta aplicada’ (conocida como ‘ABA ‘por sus siglas en ingles). Fue el primero en utilizar el método científico para demostrar que la conducta de los niños podía ser modificada a través de una enseñanza adecuada. Y aunque cometió algunos errores en los primeros años de su estudio, dedicó el resto del tiempo a subsanarlos. Ésta es su historia.

Reforzar los estímulos positivos

Una sonrisa, un elogio o una simple aprobación. Ahora sabemos que un niño con autismo necesita estos estímulos para seguir progresando. Pero puede que nunca lo hubiéramos sabido de no ser por el trabajo de Ivar Lovaas, un científico estadounidense nacido en Noruega que se convirtió en el mejor ejemplo de cómo la terapia podía ayudar a tratar el autismo.

Sin embargo, es justo reconocer que en su teoría original también apostaba por el uso de estímulos adversos, comparables al reforzamiento negativo del conductismo de B.F. Skinner. En los años sesenta, de hecho, algunos profesionales defendían técnicas como la de gritar repetidamente al niño “NO” mientras se le aplicaban descargas eléctricas.

Los tres errores de Lovaas

Fue precisamente en los años sesenta cuando Lovaas comenzaba sus investigaciones. Se centraba en la implantación del lenguaje en niños con autismo, y trabaja con ellos en el Departamento de Psicología de UCLA. Fue ahí donde logró sus mayores éxitos, y donde cometió los principales errores. Según escribía la Doctora Victoria del Barrio en 1989, el mismo Lovaas enumeraba tres fallos fundamentales. El primero fue centrar el tratamiento en un ambiente hospitalario. El segundo, excluir a los padres de la actividad terapéutica. Y el tercero, esperar cambios demasiado bruscos.

Pero Ivar Lovaas no ha pasado a la historia por haberse equivocado. Todo su trabajo posterior se centró en suplir estos fallos, que él mismo diagnosticó, y ya en el Simposio de Autismo celebrado en España en 1978 explicó cómo trabajaba 16 horas diarias tanto en el laboratorio como en el hogar de los padres. Zanjaba así dos de los tres errores que había reconocido. El tercero, creer en una efectividad exagerada, fue corregido con el estudio de los resultados.

En 1995 fundó el Lovaas Institute for Early Intervention (LIFE, el Instituto Lovaas para la intervención temprana), desde el que hoy en día se continúa con su trabajo.

Lovaas quería ser recordado como alguien “que trabajó para liberar a aquellos cuyas mentes se sirven de ellos”*. No cabe duda de que lo fue.

*“Me gustaría ser recordado como alguien que trabajó para liberar a aquéllos cuyas mentes se sirven de ellos. Y como una persona que desafió la noción de que las variables que hemos utilizado a considerar para ser estable e invariable, como coeficiente intelectual y autismo, no son realmente como inmutable como muchos habían pensado antes”. Así lo declaraba él mismo en una entrevista.

Terapia Asistida con Animales: Caballos

Desde Gure Ataria reportamos este artículo publicado en AutismoDiario.org por Daniel Comín.



Se habla mucho de los beneficios de la Terapia Asistida con Animales (TAA), pero también existe mucha confusión, ya que muchas personas acaban identificándolas de forma errónea. Podríamos definir la TAA como una terapia realizada con la participación de animales domésticos como un complemento de las otras terapias que la persona recibe, y que se aprovecha de las características tanto físicas como emocionales del animal para ayudar en la mejora de la calidad de vida, ya sea a niveles físicos y/o psicológicos. Es por tanto un refuerzo a otras intervenciones.

En la actualidad se usan muchos animales para este tipo de terapias, caballos, perros, gatos, burros, incluso elefantes, delfines y leones marinos (estos dos últimos no entrarían en el grupo de animales domésticos, más bien en el de animales salvajes adiestrados). Pero en esta serie de artículos nos vamos a centrar en las terapias más conocidas y extendidas y siempre desde el punto de vista de la intervención a niños con TGD o TDAH. Hoy vamos a hablar sobre Terapia Asistida con Caballos.

Un poco de historia: Ya en el año 460 AC, Hipócrates refería las cualidades terapéuticas del caballo, si hacemos un repaso a la historia encontraremos innumerables referencias a las bondades de este binomio hombre/caballo y su relación con la salud. En 1875 el neurólogo francés Chassaignac descubrió que montar a caballo mejoraba el equilibrio, las articulaciones y el tono muscular de sus pacientes. Sus experiencias le convencieron de que montar a caballo, mejoraba el estado de ánimo y que era particularmente beneficioso para personas con paraplejia y pacientes con otros trastornos neurológicos. Al finalizar la 1ª Guerra Mundial, Olive Sands puso algunos de sus caballos a disposición del hospital de Oxford, donde se obtuvieron muy buenos resultados. Pero no fue hasta los años 50, y gracias a Liz Hartel, una amazona afectada de poliomielitis, que ganó la medalla de plata en la categoría de doma clásica en los Juegos Olímpicos de Helsinki cuando se empezó a tomar en cuenta este tipo de actividades como modelo de intervención. En 1969 y de la mano del comandante Rogelio Hernández Huerta la equinoterapia llega a México. En Europa este tipo de intervenciones tienen gran tradición y en muchos países están subvencionados por el estado. En España este tipo de terapia llega en los años 80, tanto a nivel de atención a personas con exclusión social como a personas con discapacidad física. Pero no es hasta finales de los 90 cuando se empieza a usar de forma más extensa la equinoterapia en la terapia a niños con TGD.







La TAA que se realiza con caballos, también conocida como hipoterapia o equinoterapia es muy popular y tienen una gran difusión. Sin embargo hay que ser prudentes, ya que aunque muchos medios de comunicación las han tildado de terapias sanadoras o curativas, esto no es así. En la actualidad existen diversos proyectos de investigación a diversos niveles que están refrendando el alcance y eficiencia de este tipo de intervención. Pero siempre han de estar entendidas como una intervención complementaria y no única.

Tampoco debemos olvidar que equinoterapia no es montar a caballo, y es imprescindible la presencia de un equipo multidisciplinar con una adecuada formación y una intervención orientada al niño y en coordinación con el resto de terapeutas, de forma que se trabajen las carencias del niño de forma coordinada.

Pero cuestiones científicas a parte no podemos obviar que muchos de los niños que han recibido este tipo de terapia han presentado cambios muy positivos, ya que en resumen se trabajan diferentes áreas tales como:

  • Integración sensorial del niño
  • Refuerzo de la psicomotricidad fina y gruesa
  • Equilibrio y coordinación motora
  • Refuerzo muscular y postural
  • Comprensión de órdenes verbales y gestuales
  • Potenciar la comunicación (funcional) del niño, sea esta verbal o no
  • Refuerzo de la autoestima, confianza y capacidad de concentración.
  • Lateralidad
  • Área cognitiva, social y emocional
  • Refuerzo visual

Una de los aspectos más importantes está relacionado con el movimiento tridimensional del caballo, este movimiento rítmico es muy similar al movimiento humano, esta particularidad adquiere especial relevancia cuando hablamos de personas con discapacidades motoras o hipotonía muscular, ya que estimula músculos y articulaciones. A su vez, la temperatura del caballo (38º) aporta un aspecto sensorial extra; cuando el niño, por alguna razón se pone nervioso, se le tumba sobre la grupa del caballo para que se relaje. Además, si la intervención es adecuada puede ser una actividad muy divertida para el niño, no les aporta estrés, se practica al aire libre (salvo en el caso de estudios donde las intervenciones se realizan en picaderos cerrados para que el clima no sea un condicionante), se pueden trabajar actividades desde un punto de vista mucho más lúdico. Otro de los aspectos que se mejora considerablemente es la atención del niño, este aspecto es muy útil en niños con TDAH, se centran mucho en la actividad y suelen presentar mejoras en su conducta y capacidad de atención. En el caso de niños con TGD hay que realizar un programa completo en función del niño, a veces el niño puede presentar cierto rechazo hacia el caballo, o incluso miedo, en este tipo de casos es más adecuado el uso de pequeños ponis que resultan menos “peligrosos” en la percepción del niño. Aunque lo normal es que tras varias sesiones con un poni sea el propio niño el que quiera montar un caballo más grande.



Algunas de las mejoras que se aprecian tras una tanda de terapias suelen ser:



Aspectos Físicos:

  • Mejoría del equilibrio, tanto vertical como horizontal.
  • Regulación y mejora del tono muscular
  • Mejora en la psicomotricidad fina y gruesa
  • En casos de niños con un caminar atípico, este problema también puede regularse en muchos casos, esto es debido a la disociación de la cintura pélvica y la cintura escapular, que es un factor indispensable para caminar de forma adecuada y que es reforzado por la posición que se tiene al montar a caballo.
  • Mejora postural. Sobre todo a la hora de sentarse, el niño conforma una postura más recta.

Aspectos Psicológicos:

  • Aumenta el bienestar y la seguridad general del niño
  • Mejora en la confianza y autoestima
  • Mejora en la atención e intención comunicativa
  • Mejora la percepción espacio-temporal
  • Mejora en la socialización

Profesionales:

La Terapia Asistida con Caballos ha de ser impartida por profesionales de reconocida solvencia. Terapeutas ocupacionales, psicólogos, psicopedagógos y especialistas en caballos para terapia suelen conformar el equipo base. Debemos solicitar siempre la acreditación de los profesionales, ya que el mero hecho de su popularidad conlleva mucho intrusismo. En este tipo de terapia, como en cualquier otra, debemos ser conscientes de que se trabaja con niños con necesidades especiales y esto nos obliga a que el trabajo se realice desde la máxima seriedad y profesionalidad.

Antes de iniciar este tipo de terapia deberemos presentar un informe médico que acredite que el niño puede realizar este tipo de intervención. Igualmente el centro deberá contar con los seguros necesarios, una caída, aunque son infrecuentes, puede darse.

En el caso del trabajo con caballos, la figura del caballista, adquiere mucha importancia, ya que esta persona es quien, desde su conocimiento y experiencia, sabrá decidir en cada momento que tipo de entorno o trabajo va a ser recomendable. Por ejemplo: En un día con viento un caballo se puede asustar muy fácilmente y darnos un susto, si el caballo se encuentra mal, o si ese día no está en condiciones óptimas. Por tanto es importante una buena sintonía entre los miembros del equipo.

El equipo de TAA debe de trabajar en coordinación con el equipo que habitualmente da la terapia a nuestro hijo, para de esta forma hacer un trabajo coordinado. Actitudes que en un aula pueden resultar difíciles de corregir en este entorno resultarán mucho más fáciles.

Personas que NO deben realizar este tipo de terapias

  • Quienes tengan problemas ortopédicos.
  • Quienes padezcan de determinadas alergias (al pelo del caballo, al polvo, heno, …).
  • Con hemofilia o problemas de coagulación.
  • Personas que tengan alguna enfermedad que provoque convulsiones o epilepsia sea esta convulsiva o no.

Uno de los aspectos imprescindibles es que el niño acuda contento y disfrute, debe entender que esta terapia es un premio y no una rutina diaria. A su vez, descubrirán la emoción del galope, del viento en la cara mientras cabalgan, y eso ha de reflejarse en su rostro. Aunque uno de los mitos sobre el autismo es la inexpresividad de estos niños, cualquiera que los vea sobre un caballo con el rostro iluminado por la felicidad, podrá comprender cuan equivocado estaba.

El ser humano tiene una larga relación con los caballos, se estima que en la edad de Bronce la relación entre el hombre y el caballo ya estaba consolidada. Unos cuantos miles de años más tarde, esta relación perdura. Ciertamente un caballo no deja indiferente a nadie y menos a un niño. Ya sea por su tamaño (salvo en un poni), porte, movimientos, el tamaño de su cabeza,… Y a un niño con TGD que sea eminentemente urbanita no lo va a dejar indiferente.

Hay algunos aspectos sobre el caballo en su relación con un niño con TGD que conviene resaltar, ya que estos nos pueden aportar pistas de los vínculos emocionales que se pueden dar entre el niño y el caballo:

  • Los caballos ven a la persona sin disfraz, tal y como somos. Y tal y como nos sienten cuando los montamos. Nunca nos juzgaran por quien somos o cómo somos, tan solo en cómo interactuamos con ellos, cómo los entendemos a ellos. Esto nos obliga a establecer lazos de comunicación, inclusive verbal: los famosos arre y soo o el típico chasquido, por ejemplo.
  • Los caballos no hablan, pero debe existir una comunicación entre el jinete y el animal. Esta comunicación será emocional y gestual. Y el jinete debe saber interpretarla.
  • Si un niño es capaz de manejar al caballo (aunque sea con una supervisión), el animal le dará al niño una gran sensación de libertad y fuerza. Le transmitirá directamente, como en una conexión neuronal, una capacidad de movimiento y equilibrio interior de base puramente emocional.
  • Dirigir a un caballo implica paciencia, serenidad y disciplina. Si somos capaces de alcanzar ese nivel, el caballo nos dará lo mejor de sí mismo, pero a su vez le pedirá lo mismo a su jinete.
  • Nos dan otro punto de vista del mundo. Un caballo normal suele tener una altura a la cruz de aproximadamente 1,70 metros, aunque al principio sentarse a esa altura puede dar cierta aprensión, con el tiempo nos da un nuevo concepto visual de lo que nos rodea.

Al igual que pueda suceder con las terapias de intervención en casos de niños con TGD, ya sea ABA o TEAACH, no debemos esperar cambios mágicos a los 45 minutos, que es el tiempo medio de una sesión de equinoterapia. Como en todo alrededor de nuestros niños, requiere paciencia y dedicación.

Expertos confirman que las vacunas son seguras

CHICAGO, (Reuters/EP)

Las vacunas causan muy pocos efectos colaterales y no hay evidencia de que las inmunizaciones generen autismo o diabetes tipo 1, según ha concluido un panel federal de expertos de Estados Unidos tras analizar más de 1.000 estudios de investigación cuyos resultados han sido publicados por el Instituto de Medicina (IOM, por sus siglas en inglés).

“Se analizaron más de 1.000 artículos evaluando la evidencia epidemiológica y biológica sobre si las vacunas causan efectos colaterales”, explica la jefa del comité, Ellen Wright Clayton, profesora de Pediatría y directora del Centro de Etica Biomédica y Sociedad de la Vanderbilt University en Nashville (Estados Unidos).

“La principal idea es que se hallaron sólo algunos casos en los que las vacunas pueden generar efectos secundarios adversos, y la amplia mayoría de ellos a corto plazo y autocontrolados”, asegura la experta.

El informe, el primero exhaustivo sobre los efectos colaterales de las vacunas realizado desde 1994, fue solicitado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos para ayudar a guiar el Programa de Compensación de Lesiones por Vacunas, que facilita dinero para asistir a los niños que experimentan efectos colaterales tras recibir una vacuna.

El panel analizó ocho tipos de vacunas comunes: la triple MMR; la DTaP; la inmunización contra la varicela; la influenza; la hepatitis B; la vacuna meningocócica; las que contienen tétanos; y la que apunta al virus del papiloma humano (VPH). Estas vacunas protegen contra una serie de dolencias, como las paperas, el sarampión, la tos convulsa, la hepatitis, la difteria, el tétanos, la varicela, la meningitis, la enfermedad meningocócica y el cáncer de cuello de útero.

LOS EFECTOS SECUNDARIOS SON GENERALMENTE LEVES

Los temores de que las vacunas puedan generar autismo u otros problemas de salud han llevado a muchos padres a no inmunizar a sus hijos, pese a los reiterados mensajes emitidos por las autoridades sanitarias para brindar tranquilidad.

“El estudio mostró que la vacuna MMR no causa autismo, y tampoco diabetes tipo 1″, afirma Clayton quien añade que “la vacuna DTaP, contra la tos convulsa, no causa diabetes tipo 1, y la vacuna inactiva de la gripe no provoca parálisis de Bell (parálisis facial temporal) ni empeora el asma”.

Según la experta, “entre los efectos secundarios que pueden causar las vacunas, la mayoría son de corto plazo”.

Sin embargo, el panel descubrió que la vacuna MMR puede provocar convulsiones en las personas que desarrollan fiebre muy alta tras recibir la dosis, “aunque esto pasa rápidamente”, explica la investigadora. De igual manera, también puede causar una forma rara de inflamación cerebral en ciertas personas con deficiencias graves del sistema inmune.

Por otra parte, con la vacuna contra la varicela algunas personas experimentan inflamación cerebral, neumonía, hepatitis, meningitis o herpes zóster, pero eso suele ocurrir en personas con sistemas inmunológicos comprometidos.

Seis vacunas -MMR, varicela, influenza, hepatitis B, meningocócica, y las que contienen tétanos- también pueden disparar anafilaxis, una reacción alérgica que aparece poco después de la inyección.

Clayton manifesta que “esto puede solucionarse con el requerimiento de los médicos de que los pacientes permanezcan en la sala de espera 15 minutos después de la aplicación de la vacuna, para asegurarse de que no presentan una reacción alérgica”.